27
Ayer hizo 27 años. 27 años desde que abrí los ojos al mundo por primera vez. 27 años desde que a trompicones logré abrirme paso hasta un mundo que, ¿quién sabe? porque no lo recuerdo, pero seguramente se me presentaba lleno de esperanzas y anhelos.
Ha pasado la vida en 27 años. Han pasado mil sueños de niña
ante mis ojos, mil sueños que he visto morir bajo el sol y convertirse en cenizas para siempre. Mil canciones han sonado en 27 años, cientos de amores se cruzaron y dijeron adiós desde la esquina del tiempo.
27. Bonito número el 27. La edad que tenía el amor cuando me
enteré de que existía. Quizás sea éste el año en el que él me conozca a mí.
27 años llenos de adioses, de mañanas, de maletas y de olvidos. 27 años que hoy se quedan suspirando en el pasado, apilando recuerdos en cajas de cartón. 27 años agotados a base de comerme el mundo.
Entre dos enormes peñascos de lava negra y sobre un lecho de fina arena volcánica, se alzaba firmemente la casita del mar.




El príncipe de las palabras dijo
Antes que nada, permíteme, brujita, que te felicite por esos veintisiete estíos que ya te contemplan.
Permíteme asimismo confesarte que te hacía algo más mayor. Para esta última conjetura, es cierto, no contaba con otra base que la lectura de tu blog y la escéptica (por no decir desencantada) relatividad en el análisis que en numerosas ocasiones dejas traslucir en él, lo cual me hacía ubicarte al menos en la treintena, no en vano soy de la opinión que cuando uno transita por la década de los veinte años cree generalmente que lo sabe todo, al llegar a la de los treinta empieza, sin embargo, a cuestionarse aquello que creía saber, y, finalmente, traspasado el umbral de los cuarenta, descubre que no sabe en realidad nada. Yo cumplí 42, de modo que soy ya un ignorante completo.
En todo caso, te me antojas una de esas frutas exquisitas que de tarde en tarde Fortuna tiene a bien ofrecer al mundo, y es seguro que verás aún muchos miles de sueños más generándose y evaporándose luego frente a tus ojos curiosos, y otros varios cientos de amores furtivos surgiendo y despidiéndose ante tu corazón ávido… Siendo como eres alguien dotado de tan extraordinaria sensibilidad, aún te queda mucho por sufrir. Te lo dice alguien que te lleva quince años de ventaja y al que los desencantos (hoy más desencantado que nunca) le han hecho en ocasiones deprecar por una vacuna que le inmunizara frente a esa dañina enfermedad que es el amor, pero que termina siempre tropezando contra idénticas piedras.
Pese a todo, me gusta mucho eso que dices de no dejar nunca de sentirte como una niña.
¡Muchísima suerte, brujita, en ese mañana que comienza hoy mismo!
17 Septiembre 2007 | 10:29 AM