Tres años de sombras
Tres años. Han pasado tantas cosas en tres años. Brighton y el Buggies Bagpacked, una casa blanca de muebles viejos en un edificio destartalado, Río Grande, El Porvenir, el Viejo Tito, una pollería de mala muerte... Ha pasado internet, la sonrisa de una sirena, los puntos rojos, Joaquín Sabina, mi segunda vida revolviendo a la primera. Ha pasado el shock, el coma profundo, el despertar lento y sigiloso, el aliento de vida que llenó los pulmones de promesas y sueños. Tres años y ya creía que había empezado a olvidarte, que comenzabas a quedar en un lugar tranquilo de mis recuerdos.
Pero, no, las ánimas no desaparecéis con los años. Las ánimas sólo enmudecen el tiempo justo, el tiempo que transcurre con fuerza en el interior de los vivos, pero permanecen al acecho, pacientes, a la espera de la más mínima flaqueza en nuestros corazones para erguirse ante nosotros y mirarnos a los ojos.
Y entonces nos destrozan, nos fulminan y nos dejan rendidos a la tragedia de no poder recorrer el tiempo marcha atrás para volver a abrazarlos con el alma en la garganta.
Quisiera contarte tantas cosas... Decirte que aún me dueles, que aún te amo, que te amaré siempre... quisiera gritarte que te odio por haberte ido, quisiera escupirte todo mi dolor a la cara por haberme dejado seguir viviendo sin ti... quisiera chillar en el viento que te necesito, que vuelvas, que no vuelvas a marcharte nunca... ¿Y de qué serviría si las ánimas no vuelven aunque quieran hacerlo?
Hoy hace tres años. Tres años sin tu risa, tres años sin la luz de tu mirada, tres años sin esa sensación de eterna fascinación que me producía saber que existías y que el mundo era un lugar mágico gracias a tu presencia en él. Tres años de preguntas sin respuesta, tres años soportando vivir sin ti, tres años de sombras.
Cuántas cosas han pasado en estos tres años, sí... Pero cuántas otras han dejado de pasar por tu ausencia. Cuántos sitios habríamos visitado juntos, cuantas charlas profundas se ha perdido el vacío de la noche, cuántos sueños no se hicieron nunca realidad, cuántas noches he dormido sin el aliento de tus labios recorriendo mi espalda... Cuánto duelen estos tres años sin ti... Cuánto duele la vida sin ti... Cuánto me dueles, Chispita, cuánto... Cuánto duele vivir sin ti.
Entre dos enormes peñascos de lava negra y sobre un lecho de fina arena volcánica, se alzaba firmemente la casita del mar.


