Ilusión
¿Cómo puede la ilusión sustituir tantas otras sensaciones profundas? Sí, la ilusión. Pues tú y yo sabemos que no es más que eso, una ilusión en sus dos acepciones posibles. Una ilusión de dos caras traslúcidas que mezclan sus matices y, mientras tanto, nos mantienen en el vilo de adivinar qué aguarda tras su destello.
Ilusión. La ilusión de sentirte tan cerca aún a sabiendas de la distancia que nos separa. La de
ver el brillo en tu mirada al contemplarme, la de sentirme admirada, querida, deseada. La ilusión de saborear por unos instantes ese beso que no me pertenece. La ilusión de dejar que mi alma flote, embriagada por el sueño que dibujan tus palabras.
Ilusión. La ilusión de ver como se perfila esta ilusión en el horizonte, la alegría vibrante de ver su brillo al acercarme, la satisfacción de permitirle a mis sentidos disfrutar de esta ilusión sin la tortura de la realidad.
Ilusión. La ilusión de vivir plenamente esta ilusión, de dejarme invadir por ella, de correr a su encuentro, saltando entre las nubes de su fantasía, absorbiendo su aroma, bailando en su melodía, disfrutando de ella hasta el último segundo, aún a sabiendas de que no es más que una ilusión, un oasis que aparece entre las brumas de la soledad y que, como ocurre en todos los desiertos, desaparecerá en cuanto tratemos de bebernos su agua cristalina.
Pero, qué felices seremos al recordar lo ilusionados que nos mantuvo esta ilusión.

Entre dos enormes peñascos de lava negra y sobre un lecho de fina arena volcánica, se alzaba firmemente la casita del mar.



Johnny dijo
No la pierdas nunca. Es lo que hace que se mueva el mundo de verdad.
11 Julio 2007 | 10:40 AM