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La Coctelera

La Casita Del Mar

Entre dos enormes peñascos de lava negra y sobre un lecho de fina arena volcánica, se alzaba firmemente la casita del mar.

Categoría: La vida en esta cala solitaria

12 Mayo 2008

Vida maestra

Ayer hizo un año de la mutación. Un año desde que decidí levantar un huracán que arrasase con esta playa para desde los cimientos volver a construir un nuevo mundo en el que poder soñar más y soñar mejor. Y lo conseguí.

Hoy puedo decir que nada fue en vano, que aunque mañana lleguen lluvias y tormentas, aunque algún día todo pueda volverse a llenar de fango, mereció la pena dejarme llevar por los instintos y sacar del alma un grito sordo que hiciera callar a los miedos.

Hoy, un año después, el sol de esta playa brilla y sonríe con más fuerza que nunca. Los cantos están llenos de vida, la arena es más suave y ondulada de lo que nunca soñé, el mar más cristalino y la brisa es tan cálida como salada.

Y bien es cierto que siempre se añora. Bien es cierto que los cambios a veces implican sacrificios que no nos hubiera gustado hacer. Bien es cierto que en el camino hasta este manso resonar de mi pequeña cala solitaria hubo sonrisas que enmudecieron y que se extrañan como nunca.

No hubo jamás conjuro perfecto, aunque mi naturaleza me invite siempre a luchar por alcanzarlo. Pero cada camino recorrido deja siempre en nosotros una lección en cada paso. Porque la vida es en sí una gran lección, una gran maestra que camina sola y que nos guía, si la dejamos, por la senda del auto-conocimiento.

La mía, mi lección de este año, viene llena de felicidades, la lección de mirarme en el espejo de esta agua bella y limpia y, de repente, encontrar mi cara. Y entender que no hay otro camino que el que marca el tiempo en su caprichoso viene y va. Y por fin, por una vez, empezar a vislumbrar mi rostro, sonreír y ver al fin la sonrisa de una bruja… la bruja del mar que siempre quise ser. Y aceptar que hice bien en seguirle los pasos a esta vida.

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4 Marzo 2008

Playa llena, mas sin sirena

El tiempo ha pasado. Ha pasado en una brisa lenta pero intensa. Y aquí sigue mi casa, en pie y soportando la erosión de los días. Tres meses he tardado en decidir qué contar sobre esta playa. Porque estaba a verlas venir y las vi. Y vinieron grandes y pequeñas las olas de esta playa.

No puedo decir que todo sea felicidad después de estos tres meses, porque si la felicidad absoluta existiera no sabríamos de su existencia. Pero sí puedo decir que sigo aquí y ya es bastante. Y también que no estoy sola, que esta cala solitaria se ha llenado de repente con la luz de mil sonrisas. Que se fueron muchos y que duelen. Pero que llegaron otros que alegran los vacíos que aquellos dejaron en el corazón.

Describirlos a todos sería demasiado para una sola epístola de estas mías marinas. Pero os diré que no hay uno por el que no bendiga los designios de Neptuno. Un ratón muy juguetón, un perenquén de lo más salado, una gaviota llena de vida, un loro verde y parlanchín... No sabéis lo divertida que se ha vuelto la playa con todos ellos.

Como maestro de ceremonias, ocupando la piedra más alta de esta pequeña bahía, está el albatros. Un ave majestuosa que impone con su gran tamaño y porte, pero que suaviza su impresión con la gracia de su timbre dicharachero.

Sin embargo amigos, no puedo evitar sentir que me duele el salado corazón de bruja por la ausencia de otros. Especialmente de ella, sí. De la pequeña sirenita. Ella no quiso compartir playa con albatros, loros y gaviotas. Porque las aves no le gustan y menos cuando Neptuno decidió que tendría que ceder su piedra a uno de ellos.

Sí, ya sabemos que a ella tampoco le gustaba aquella piedra, que la veía muy alta y que odiaba tener que subirse a ella arrastrando por las rocas su preciosa cola dorada. Pero, no lo sé, porque tampoco las brujas lo sabemos todo como ella pretendía. Sólo sé que su canto se fue tornando triste, que su sonrisa se murió entre silencios y que, un día, sin decir siquiera adiós, se había ido para siempre.

Y bueno, así es la vida en esta playa. Unos que van y otros que llegan. Y ya os digo exploradores que no me quejo del brillo intenso que adquirido mi pequeña costa. Pero ni el canto grácil del albatros, ni la peculiar gracia del lorito parlanchín, ni siquiera los jugueteos entre las rocas del ratoncito y el perenquén, lograrán sustituir, al menos en mucho tiempo, el dulce y armonioso canto de la sirena.

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3 Enero 2008

Nuevo año, nuevo sueño

Un nuevo año, un nuevo amanecer y el alma siente como se renueva y muta, y cambia y canta una nueva melodía.

El mar amaneció este año mucho más azul, más lleno de vida y también de temores. Amaneció embravecido, inquieto, anunciando que no serán fáciles los próximos 366 días que durará este año bisiesto.

Pero hay fuerza. Oculta, perezosa, sin ganas de moverse mucho, pero hay fuerza. Fuerza para asumir el mañana y mirar este mar bravío con ánimo de nuevos retos.

Días llevo conjurando. Conjurando un nuevo sueño que naciera renovado junto a la espuma salada de este nuevo año. Y ya está listo. Un sueño de lujuria y desenfreno, un sueño de sensualidad y pasión para colmar de erotismo a las almas hambrientas de amor y sedientas de sexo.

Así que, como regalo para este nuevo año, aquí os dejo su senda, la senda que conduce al reino de Serena Freya, la senda para que os dejéis embrujar por sus suspiros... SShh, ¿los oyes?


Feliz año y hasta pronto, exploradores!

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25 Diciembre 2007

Solsticio de Invierno

Buenas noches exploradores... Este año todo ha ido con tantas prisas que no he podido siquiera adelantarme a la noche para felicitaros el Solsticio de Invierno.

Sólo deciros que, como cada año, el aquelarre con mis viejas amigas las brujas del mundo ha ido sobre ruedas y que alrededor de la hoguera mágica me he acordado de cada uno de vosotros para conjurar a los elementos y lograr que la luz de vuestra sonrisa siga iluminando el camino de todos los que os quieren...

Feliz Navidad, amigos!!

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12 Noviembre 2007

A verlas venir

Llevo doce días mirando la marea moverse. Los doce días que he pasado sin contaros los devenires de esta playa. Y aún no tengo clara cual es la situación en la que nos encontramos mis pequeños compañeros de soledad y yo.

El futuro se acerca a la velocidad de la luz hacia esta costa. Un futuro que habla maravillas de sí mismo, pero sobre el cual sólo tenemos la incertidumbre del misterio.

Se avecinan cambios. Cambios que pueden convertir esta pequeña bahía en una costa llena de luz, de colores, de alegría y de sorpresas, pero que también puede suponer la destrucción de toda su magia.

Las botellas llegan a diario cargadas con mensajes contradictorios. Alguna de ellas ha presagiado incluso la destrucción de mi casita de piedras volcánicas. Otras hablaron de convertirla en una casa más grande.

Finalmente me pudo la incertidumbre y uno de mis conjuros me puso ante el mismo Neptuno. Sí, a tanto me atreví. Y le pedí explicaciones de sus actos y él me prometió paz.

Pero, este Neptuno nuevo, renacido y coronado de la sal marina, puede ser tan sólo un títere a las órdenes de Cronos o incluso de Hades y de ahí la desazón de mis pequeñas criaturas y la mía propia.

Hasta la pequeña sirena anda muda y sumergida en suspiros ahogados, allá en su piedra solitaria. No habla, ni mira, ni ríe ya siquiera. Y eso que los vientos unieron nuestros corazones como jamás sospechamos que lo harían.

Pero el miedo flota en el aire. Porque los cambios siempre despiertan al fantasma de los miedos y luchar contra él es casi siempre una batalla perdida.

¿Será cierta la promesa del Dios del mar? ¿Reinará la paz en este nuevo reino sin tiburones ni ratas? Sólo Cronos tiene esa respuesta y no piensa adelantar un ápice de sus secretos, por mucho que mi hoguera arda entre pócimas y conjuros tratando de adivinar el destino de esta playa.

Aquí seguimos, exploradores, observando el movimiento de las olas, a verlas venir sin más, porque no queda de otra.

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22 Octubre 2007

Flores y esperanza sobre mareas inciertas

La rata murió. Cuando llegué ya no estaba. En su lugar había flores. Flores de mar y el arco iris que sale tras la tormentas. Y el aire olía a sueños y estaba lleno de canciones, de las canciones de esperanza de la sirenita.

Neptuno le ha puesto una piedra. Una piedra que ella a veces ve muy alta y a la que le cuesta trepar. Pero, es suya. Es la piedra en la que merece estar para reposar de tanto esfuerzo.

Al burgado también le han dado un premio, un pequeño agujerito en el que colocarse. Y tampoco le gusta, porque lo ve muy grande y muy negro. Pero no se da cuenta de lo protegido que está dentro de él.

A mí no me han dando nada, sólo muchas pócimas para preparar. Pero, no importa. Porque a mí me gusta preparar estas pócimas y me gusta ver como la playa vibra de vida y de alegría.

Me gusta ver la esperanza flotando en el aire con las mariposas y escuchar las risas, cuánto tiempo hacía que no escuchaba tantas risas.

Estoy cansada, eso sí, muy cansada de agitar el caldero sin parar. Tanto que me duele mucho el hombro. Pero, la sirena me ha prometido hablar con los dioses para que alguien me ayude preparar estos filtros de felicidad y que la playa siga sonriendo.

Sin embargo, hay algo que pesa más que este cansancio con gusto: la incertidumbre. Algo se mueve bajo las aguas. Una botella del tiburón llegó hace días anunciando malos augurios e invitándome a emigrar a su lado.

Al final, los malos siempre intentan parecer los buenos y quieren llevarme con ellos a sus destinos inciertos. Yo devolví al mar aquel mensaje envenenado, pero me quedé con la incógnita del mañana. El miedo de no saber hacia donde se mueven las mareas en las profundidades de este mar inmenso.

La sirena dice que no me preocupe, que mi casita seguirá en su sitio piedra sobre piedra y lo mismo dice el grillo. Pero, hasta ellos tienen miedo, se les nota en esa mirada ausente sobre las olas. Ellos también tratan de adivinar qué pasará mañana. Y ni yo, con mi hoguera mágica, logro estar segura de nuestra suerte.

Sin embargo, una corazonada, de esas de bruja que se sienten muy dentro, me dice que esté tranquila, que no me vaya, que siga agitando con fuerza este caldero mientras me aguanten los huesos. El alma me dice que el mañana llegará con flores y brisa cálida. Esperemos que sea cierto...

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13 Octubre 2007

Las visitas de la reina

Viene por aquí a menudo la Reina de las Sirenas. No sé si ella sabe que yo lo sé, pero lo cierto es que lo descubrí hace tiempo. Viene callada, nos mira y se va sin decir nada.

Lo hace desde el día en que descubrió mis conjuros. Entonces dejó una carta en mi puerta y se fue enfadada. No los entendió o no le gustaron y a mí me dolió su silencio más que sus palabras.

Otro día encontré en su bolso una foto de mi pasado, aquel en el que, cuando ella era mi sirena y yo su bruja, pasaba más tiempo lanzando botellas al mar que fabricando las pócimas que me pedía.

Le sentó mal saberlo. Lo que ella no sabe es lo infeliz que era yo en aquella costa, lo duro que era luchar contra la mafia de aquella playa, lo desmotivante que era mirar sus ojos y descubrir que no se daba cuenta de nada.

Yo se lo dije, se lo dije antes de que el viento se la llevara junto a las pardelas, el delfín, la tortuga y la mafia. Yo le dije por qué lloraban las criaturas. Pero, no me creyó.

Pero, no era su culpa. Ella es una reina-sirena y su realeza le impide entender las miserias de los mortales. Ella es pura y procede de las divinidades, en las que no caben los demonios ni los hechiceros sanguinarios.

Por eso no entendió mis conjuros contra el mal, ni tampoco que un día se apagase mi brillo y se muriese mi magia en la tristeza de la soledad y la incomprensión. No entendió que prefiriese escapar a mundos de ensueño para pasar las horas.

No lo entendió porque las sirenas no conciben la desidia, porque ellas están hechas de materia divina y por eso son sirenas y rigen el ritmo de las olas. Pero, yo soy sólo una bruja y me afectan los cambios de luna.

Ahora ella ya no es mi sirena. Ahora la sirena de mi playa es igualmente mágica, pero más chica, menos reina, más cercana al dolor mortal. Por eso ella sí entiende mis conjuros y sonríe con mis cartas lanzadas al mar.

Sin embargo, aquella otra, aquella sirena-reina, viene y va sin saludar. Lee mis cuentos embotellados y se marcha sin gesticular. Sólo me mira desde la distancia sin dejarme adivinar qué sentimientos se esconden tras su silencio.

Si ella supiera cuanto admiré sus cantos, cuanto me inspiró su risa... Si ella supiese que esta playa nació un día en su bolso...

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27 Septiembre 2007

Manzana envenenada

Pretende la rata jugar a ser bruja. ¡Conmigo! ¡Ja! Quizás se olvida que en esto de las pócimas y los conjuros, una sabe más por vieja que por bruja.

Ayer pretendió darme una manzana envenenada. Con su sonrisa de dientes afilados, quería convencerme de sus buenas intenciones. Pero una, que por bruja también ha aprendido a ser discreta, sabe poner cara de tonta y asentir.

Allá se fue toda contenta, pensando que mordería su veneno. Sin embargo, fue ella la que acabó envenenada. Y no, no se mordió la lengua, que también hubiera valido. No. Simplemente quiso engañar al grillo y el grillo también es perro viejo.

Acaba de llegar, como emisario especial de Neptuno, para colaborar en la reconstrucción de estas costas, estos días, desafortunadas. Pero, no vayan a pensar que es como aquel molesto grillo que en la antigua playa pasaba las horas incordiando con su canto malintencionado. No, este es un grillo sabio, criado en las escuelas del que ayudó a Pinocho a convertirse en niño.Y una de las encomiendas que traía era la de fumigar con un buen raticida.

El veneno va haciendo efecto y la ratita presumida cada día está más acorralada. Poco falta, exploradores, poco falta para que brille el sol plenamente en estas costas de ensueño.

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La Casita Del Mar

EL PARAÍSO, España
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Sus paredes estaban hechas de fuertes rocas oscuras, en las que se abrían tres pequeños ventanucos y una puerta de madera. El techo, también de piedra, estaba recubierto por millones de conchas de lapas, mejillones y burgados, entre los que, a duras penas, se abría paso una pequeña y humeante chimenea. De noche, sólo el brillo en los cristales de una hoguera parpadeante hacía imaginar la vida en aquella cala solitaria. De día, el sol se reflejaba sobre las conchas del tejado, haciéndolo brillar tan deslumbrantemente que desde lejos parecía estar hecho de oro. En su interior, a la luz de una vela, se refleja en las paredes una silueta borrosa encorvada sobre una mesa de madera de pino. Un cabello largo y ondulado baila en el aire al son de la brisa marina, mientras una lágrima sacrílega hace un borrón de tinta sobre el papel envejecido que descubre sus sueños.

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